5 Meses en Berlín [Parte 1]

¡Buenos días! 

 Escribo esto a las tantas de la mañana (hora a la que me he desvelado), mientras me tomo un café con leche bien calentito para afrontar este día otoñal de noviembre.

La verdad es que no tenía pensado hacer una publicación muy extensa, pero cuando he empezado a hacer la lista de ideas he acabado con tropecientos puntos y se haría muy pesado, así que voy a dividirla en varias partes.

Llevo ya 5 meses (4 si no contamos agosto) viviendo en Berlín y espero poder plantearos un escenario para que os hagáis una idea de cómo va acomodándose mi vida poco a poco.
Uno siempre se adapta mejor a un sitio en el que ha elegido vivir y no le ha tocado de rebote, pero ello no significa que todo sea un camino de rosas y no sea duro igualmente, de hecho para mí octubre ha sido muy penoso hahaha pero gracias a quienes están ahí apoyándome e ir de conciertos, las cosas se ven de otra manera.

No me enrollo mucho más y empiezo con la primera lista de cosas, ¡espero que lo disfrutéis!



1. Conexión por elección y no por obligación

Pues siguiendo con el hilo de lo que iba diciendo: octubre fue penoso y solo tenía ganas de que pasara lo antes posible.
Desde que llegué mi principal problema ha sido internet (o la falta de); a pesar de que soy una persona curiosa que pasa mucho tiempo leyendo/viendo cosas/documentándose en la red, no me gusta que el móvil sea una extensión de mi cuerpo, de hecho cuando se me juntan demasiados mensajes me entra ansiedad y lo apago para poder respirar.

La residencia de estudiantes en la que estoy viviendo no tiene internet propio, sino que se alimenta de la conexión universitaria por estar situada en medio de un campus. 
Desde el minuto 0 esto me ha dado problemas, aunque iba saliendo del paso con una tarjeta SIM temporal y al no tener clases, estar conectada 24/7 no me suponía un problema (aunque cuando se agotaban los datos normales empezaba con los lentos y quedaba medio aislada, Twitter e Instagram apenas cargaban, enviar/recibir fotos o vídeos ya era un imposible y a veces hasta hablar con gente xD).



Para cuando conseguí hacer que funcionara resulta que había una avería que no dependía de mí y estuve otro mes (octubre) sin wifi.
Gracias a tocar las narices (porque no fue otro motivo, fue ese, si no nadie se hubiese enterado de que algo fallaba) ahora está todo correcto, no tengo que medirme para entrar en el navegador y documentarme sobre los trabajos de clase, entrar en cualquier red social o leer artículos como estaba obligada a hacer antes.

En este punto, he aprendido el papel que realmente juega internet en la vida: mi agobio no venía por no poder entrar en las redes sociales, sino porque no podía hacer prácticamente nada importante como es pagar el alquiler, las facturas o ponerme en contacto con instituciones (aquí está casi todo informatizado, al banco no vas para hacer perder el tiempo a los empleados ni llenar colas de 2 horas, te autogestionas online todo y si tienes alguna duda llamas o e-mail, ya en casos muy tal es cuando vas a la sucursal), estando obligada a irme a una cafetería y exponer peligrosamente mis datos personales, además del coste que eso suponía.

Ahora que la situación se ha normalizado vuelvo al punto en el que estaba, dejar el móvil olvidado al otro lado de la habitación (aunque con Spotify de fondo ;) ).



2. He comprobado que, efectivamente, aborrezco la residencia de estudiantes




Para quienes no me conozcan, soy de esas personas “introvertidas sociables”, esto es: me gusta socializar fuera de mi casa, pero dentro de ella necesito disfrutar de la más absoluta soledad.
Yo no diría que llego al punto de tener ansiedad por tener que tratar con gente, simplemente no me gusta.

Aunque aquí el concepto de las residencias de estudiantes dista mucho de lo que hay en España (no tenemos rigidez de horarios, no te preparan la comida ni te limpian la habitación), es un sitio en el que estás casi obligada a cruzarte con alguien a diario, y si no participas de ello está hasta mal visto.
Aunque esto último personalmente me da muy igual, está el problema de tener que hablar cuando no quiero.
En mis 4 años de universidad nunca estuve en una residencia y era un concepto que me repelió siempre y que he tenido claro que no es para mí, y lo he comprobado.

Quienes han pasado un par de días conmigo saben que desde que me despierto hasta que voy por la mitad del café, apenas me pronuncio. No me gusta, no hablo, me crispa que me bombardeen a preguntas aún con la legaña asomando, qué se le va a hacer.
Para mí salir a por el desayuno y tener que entablar conversación con alguien supone una tortura, punto y aparte de que aquí hay fiesta todos los viernes (a veces sábados también), y asistir es lo último que me apetece después de levantarme a las 6:45 am cada día, y al volver a las 17:00 solo tengo tiempo de estudiar alemán y hacer trabajos de clase (y si eso, prepararme la comida para el día siguiente).

Y diréis “pues si tan poco te gusta, ¿por qué no te mudas?”, en ello estoy.
Encontrar un alquiler aquí es muy MUY difícil, y más cuando eres estudiante (los requisitos suelen ser adelantar de 1 a 3 meses de nómina a modo de fianza), así que es una tarea ardua y para la que hay que armarse de mucha paciencia y sacar tiempo de debajo de las piedras (sin internet tampoco podía emprender esta búsqueda, mi pescadilla ha sido hasta ahora: necesito internet para vivir en algún sitio donde haya internet :D).

La prioridad al llegar a la ciudad es que tengas un sitio donde quedarte y esta fue la mejor opción en su momento, porque sin contrato de alquiler no te puedes empadronar, ni abrir una cuenta bancaria, ni alimentar ese bucle invisible en el que tienes que zambullirte si quieres quedarte aquí.



3. Aprovechar los "tiempos muertos" durante los trayectos

Otro inconveniente (en realidad mi principal prioridad para cambiar de vivienda) es la lejanía con el centro.
No se me ocurre buscar una habitación en Kreuzberg (porque no puedo pagarla y porque no me gusta el distrito para vivir), pero sí un acercamiento a mi academia (que está en pleno centro de dicho distrito) de al menos 20 minutos en metro.
Como dije antes, me levanto a las 6:45 de la mañana (a veces antes si me da pereza o no tengo tiempo de hacerme la comida para el día) para salir a las 7:45 de casa y llegar a las 8:40 a la academia; sobre las 16:00 termina mi clase de alemán y llego a casa sobre las 17:15, dependiendo de cómo se den los tiempos de espera en ambos casos.



Las primeras semanas iba tan muerta mentalmente que no me daba para más que escuchar música durante el viaje de vuelta, ahora voy repasando apuntes de alemán o abocetando rápidamente algún trabajo de clase, y los viernes me llevo el libro electrónico y voy leyendo.
También aprovecho para hablar con mi padre por llamada de WhatsApp, que a esas horas de la mañana él está en el trabajo, sin mucha actividad.



4. No encariñarse demasiado

Es curioso cómo Berlín parece ser un lugar de paso para casi todo el mundo, creo que aún no he conocido a nadie que afirme con rotundidad que quiere asentarse aquí de forma indefinida.
Esto tiene sus pros y sus contras, como todo.

Para mí el pro más obvio es que mantiene la ciudad en un movimiento continuo, está viva, siempre hay algo interesante y distinto que hacer o alguien nuevo a quien conocer, y para mí ese es su principal atractivo y lo que me enamoró de ella, parece estar siempre en el centro de todo el meollo.

El contra nace precisamente de ese pro: la gente con la que te encariñas se acaba yendo, si no te acabas yendo tú mismo.
Llegué a la residencia en junio y hoy (salvo 2 personas), ninguno de mis compañeros de piso es el mismo que cuando llegué, porque suelen venir solamente para un semestre, aunque en casos excepcionales se quedan para continuar sus estudios aunque ya no vivan aquí.



Pero ese ansia de conocer a fondo a mis compañeros de piso con el que llegué en verano se ha tornado en una indiferencia bastante grande, porque en abril la mayoría se habrá vuelto a su país. Evidentemente esto no significa que haya contacto 0 o falta de buen rollo, pero me cuesta hacer amigos (que no conocidos, conocidos muchos) y si para cuando empiezan a serlo se van... Pues eso.



5. Vivir sin microondas ni cafetera

¡Hay vida más allá de los electrodomésticos! He de decir que echo muchísimo de menos mi cafetera, pero a todo se adapta uno. De hecho, recientemente he estado informándome sobre cómo filtrar café a mano en condiciones y ahora lo hago yo misma (el próximo paso será molerlo también, pero cuando no viva a 45 minutos del centro xD) y el sabor es distinto que en cafetera, aunque cuando vuelva a España volveré a la vieja costumbre hahaha

Vivir sin microondas lo llevo mejor, de hecho aquí no son muy fans por lo general. Las cosas se cocinan en el momento y por separado, y si sobra al día siguiente se aprovecha la sartén/cazuela con lo que se esté haciendo y se añade lo preparado previamente, así conserva mejor sus calidades.
La leche se calienta como siempre en el cazo, y para hervir agua tengo mi amado calentador que compré al llegar.

Como apunte diré que la cocina de mi academia está mil veces mejor surtida que la de casa hahaha por lo que comer allí todos los días es un gustazo.



6. Oportunidades reales de trabajo

Una de las cosas que más me ha ido llamando la atención en estos meses es el movimiento que hay de ofertas de trabajo.

Desde anuncios en los paneles temporales del metro y tranvía hasta carteles en los semáforos (esto sin contar internet), me sorprende que se solicite personas para trabajar de manera tan accesible.
Me siento un poco paleta en este sentido, me sorprende tanto porque en España no había visto tal actividad, siempre hay algún cartel anunciando profesores particulares, niñeras o trabajos por horas, pero por ejemplo la propia BVG (empresa de transporte público) anuncia que necesita personal a través de los paneles, de manera que de primeras, la oferta está ahí.



En mi opinión sobra decir (aunque lo voy a poner igual, porque alguno se puede emocionar con demasiada facilidad) que hay unos requisitos mínimos para acceder y que te contraten: el principal saber alemán. Y si no sabes alemán, según para qué campos, saber inglés. Con español no se va a CASI NINGÚN sitio.
También dependiendo del puesto de trabajo, se exige tener unos estudios mínimos (además de idiomas) como los superiores (grados o posgrados) y en contados casos ciclos superiores, porque aquí tienen su propio sistema de ciclos que no se convalida con los de España.

Digo esto de forma tan rotunda porque esta misma semana me han llegado publicaciones del típico caso de la persona que planta todo en su país, se lleva sus ahorros y llega aquí a la desesperada, a veces mendigando una habitación. Por favor, no. Las cosas no van así, encontrar trabajo es más fácil para quienes están aquí, pero como en todos lados si no cumples unos requisitos mínimos no te van a contratar; lo único que se consigue es pulirse los ahorros en un par de meses (porque aunque “Berlín no es Alemania” sigue siendo una capital, y es cara) y tener que volverse peor de lo que uno vino. Me apena mucho ver este tipo de situaciones.

Por otro lado existen los llamados MiniJobs (trabajos a tiempo parcial) para los que también hay requisitos mínimos, pero son accesibles.
De hecho, estos días estoy estudiando la posibilidad de empezar a trabajar en una plataforma online de MiniJobs solo para estudiantes de grado/posgrado.

El balance general es que el tema laboral se ve a simple vista que es muy activo, cosa que se agradece.



Pues hasta aquí la primera parte de este post, espero que os haya gustado y no se os haya hecho demasiado denso.
Como siempre, sabéis dónde encontrarme si queréis comentar algo, con total libertad ^^


¡Tschüss! 




*Todas las imágenes han sido extraídas de Google o Tumblr, créditos para el autor.

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